Por Juan V.
Desde hace días el primer ministro Ernesto Álvarez, conocido conservador radicalizado, en entrevistas e intervenciones ha indicado que la posición política del Perú en el contexto internacional debe ser la de un aliado de Estados Unidos. Ha propuesto así, como una confluencia natural, ser aliados “estratégicos” de este país del norte. No obstante, ser aliados hoy de Washington significa poco; basta ver la creciente erosión en la relación con la Unión Europea y la política seguidista que exige Trump a sus aliados a costa incluso de los intereses propios y del bienestar del país. El reciente ataque a Venezuela y las amenazas anexionistas contra Groenlandia son indicadores de que el orden internacional “basado en reglas”, promovido durante décadas por EEUU, se acabó.
Lo señalado por el ilustre primer ministro de alinearnos a la política exterior de Estados Unidos es un riesgo para nuestro país y sus intereses. Es inaceptable amarrar la suerte del Perú a un imperio en decadencia. En el actual contexto geopolítico toca reafirmar algunos pilares de la política exterior peruana entre 1968 y 1975. Es decir, afirmar una política de no alineamiento con ninguna potencia externa, afirmar la construcción del poder latinoamericano a través de la integración y el trabajo conjunto para defender América Latina y el Caribe como zona de paz.
El alineamiento incondicional que el primer ministro y la derecha peruana promueven implica, además, la renuncia a desarrollar el potencial industrial del país y la consolidación del actual modelo económico primario-exportador. Esta postura de subordinación a una doctrina que concibe a América Latina como un “patio trasero” no es novedosa entre las derechas de la región: a lo largo de la historia, expresiones como pitiyanquis, cipayos o vendepatria han sido utilizadas para caracterizar este tipo de posicionamientos.
Contrario a la posición del gobierno, afirmamos que una política exterior de no alineamiento es fundamental para poder establecer relaciones libres con todos los países y bloques en el mundo. Una política de no alineamiento a potencias externas y de integración regional es clave para profundizar y ampliar vínculos comerciales, culturales, industriales, científicos, etcétera que contribuyan al país. En un mundo de emergente multipolaridad apostar por la construcción de un bloque regional es lo más sensato. No atarnos al mástil de un barco decadente es importante para desarrollar esas potencialidades con los diversos países.
Si en el Perú tuviéramos un gobierno serio y decidido, luego del bombardeo a Caracas y el secuestro del presidente Maduro la posición peruana sería la de suspender toda compra de armamento militar a los Estados Unidos. No es conveniente para nuestra defensa nacional comprar equipamiento a una potencia prepotente que amenaza militarmente a la región. Toca entonces afirmar la acertada política de los militares peruanos entre 1968 y 1975: actualizar y diversificar a los proveedores de los equipamientos. La dependencia de la tecnología militar es terrible para la soberanía y defensa del país, los militares patriotas saben bien eso.
