{"id":9767,"date":"2025-02-02T15:10:08","date_gmt":"2025-02-02T18:10:08","guid":{"rendered":"https:\/\/revista-heterodoxia.com\/?p=9767"},"modified":"2025-02-02T15:10:08","modified_gmt":"2025-02-02T18:10:08","slug":"como-puede-ser-practica-la-razon-parte-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaheterodoxia.org\/index.php\/como-puede-ser-practica-la-razon-parte-ii\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo puede ser pr\u00e1ctica la raz\u00f3n? \u2013 Parte II"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Por Ronald Reyes Loayza<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">*<\/a><\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Un punto de vista para la moral<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las razones que han alimentado esta imagen generalizada sobre la moralidad kantiana es que la <em>Fundamentaci\u00f3n para una metaf\u00edsica de las costumbres<\/em> (1785) es un texto complejo, pese a su brevedad y aparente claridad. Esta complejidad se debe, en parte, a los diferentes tipos de argumento que Kant est\u00e1 empleando. Podr\u00edamos pensar en la <em>Fundamentaci\u00f3n<\/em> como en un texto de m\u00faltiples niveles. Los dos primeros cap\u00edtulos ser\u00edan <em>anal\u00edticos<\/em>, ya que en ellos descomponemos nuestra experiencia moral hasta encontrar el supremo principio moral: la autonom\u00eda de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica; el tercer cap\u00edtulo ser\u00eda <em>sint\u00e9tico<\/em>, ya que lo que Kant hace ah\u00ed es mostrar c\u00f3mo aparece para el ser humano, afectado por su naturaleza sensible, un punto de vista indisponible: el de s\u00ed mismo como <em>inteligencia<\/em> o tambi\u00e9n como <em>no\u00fameno<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra manera de presentar este m\u00e9todo es decir que los dos primeros cap\u00edtulos (sobre todo el primero) son contraintuitivos, mientras que el tercero es especulativo o trascendental. El primer cap\u00edtulo de Kant es lo que podr\u00edamos llamar hoy un an\u00e1lisis motivacional. Esto significa que Kant est\u00e1 descomponiendo en elementos simples los diferentes m\u00f3viles que concurren confusamente en la psicolog\u00eda pr\u00e1ctica de un agente. En la vida ordinaria, por ejemplo, ayudamos con <em>inclinaci\u00f3n<\/em> a nuestros padres y amigos, o hacemos nuestro <em>deber<\/em> porque tememos enfrentar las consecuencias. Todo ello es parte de nuestra experiencia vital y no tenemos por qu\u00e9 lamentar que tal sea el caso. Kant no nos pide que hagamos abstracci\u00f3n de todos estos m\u00f3viles (tal cosa es imposible de todos modos); en su lugar, a lo que nos insta el fil\u00f3sofo moral es adoptar un punto de vista especial que permita aclarar la fuente aut\u00e9ntica del valor moral, a saber, una motivaci\u00f3n independiente que reconocemos como <em>deber<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, la primera parte de la cr\u00edtica del formalismo se muestra fallida. La moralidad kantiana no nos pide adoptar una actitud asc\u00e9tica respecto de nuestra vida y nuestras valoraciones; lo que nos dice es que todas ellas carecen de la propiedad de dotar de un valor incondicional a las acciones o los fines. Cuando tomamos acr\u00edticamente diferentes cosas por <em>buenas<\/em> lo hacemos a riesgo de confirmar cierto escepticismo cuando nuestra experiencia nos muestre su fragilidad y ambivalencia. La felicidad puede ser muy buena \u2014nos dice Kant\u2014, pero en aquel que no cuenta con una buena voluntad puede convertirse en causa de coraje o insolencia.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> No obstante, esto todav\u00eda nos deja con la siguiente pregunta: \u00bfes la moralidad kantiana impotente? Es importante, en este punto, repasar con detalle cu\u00e1l es la indicaci\u00f3n que Kant nos hace sobre el imperativo categ\u00f3rico:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\"><em>Cuando pienso un imperativo hipot\u00e9tico, no s\u00e9 de antemano lo que contendr\u00e1, hasta que se me da la condici\u00f3n. Sin embargo, al pensar un imperativo categ\u00f3rico, s\u00e9 al instante lo que contiene. Pues como este imperativo, aparte de la ley, s\u00f3lo contiene la necesidad de la m\u00e1xima de ser conforme a esa ley, pero como la ley no entra\u00f1a condici\u00f3n alguna a la que se vea limitada, no queda nada salvo la universalidad de una ley en general, universalidad a la que debe ser conforme la m\u00e1xima de la acci\u00f3n y esta conformidad es lo \u00fanico que el imperativo representa propiamente como necesario.<\/em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><em>[2]<\/em><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El error de considerar la f\u00f3rmula de la ley universal como un mero formalismo vac\u00edo es que no se entiende correctamente que la f\u00f3rmula no prescinde de una voluntad emp\u00edricamente concernida. En otras palabras, el procedimiento no puede empezar hasta considerar las reglas subjetivas de acci\u00f3n que el agente entiende como <em>necesarias<\/em> para alcanzar los fines que se ha propuesto. Es interesante que Kant no hable de simples reglas subjetivas, sino de <em>m\u00e1ximas<\/em>. Una m\u00e1xima no es simplemente una regla que adopto al paso para alcanzar un fin aleatorio; una m\u00e1xima es una regla particular, una a la que me vinculo con especial firmeza porque expresa una dimensi\u00f3n de mi propia personalidad. Lo que el procedimiento exige adicionalmente es que la voluntad no entre en contradicci\u00f3n al convertir dicha m\u00e1xima en parte de una legislaci\u00f3n universal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El problema con las m\u00e1ximas inmorales \u2014al menos as\u00ed lo cree Kant\u2014 es que funcionan a condici\u00f3n de ser excepcionales. La m\u00e1xima de la promesa falsa, por ejemplo, solo puede funcionar como una <em>regla eficaz<\/em> ah\u00ed donde la mayor\u00eda de individuos cumple normalmente con sus promesas; por esa raz\u00f3n, al universalizarla, el agente se ve incapaz de llevar adelante su acci\u00f3n ya que la confianza ha desaparecido. En cierto modo, la cr\u00edtica de Hegel acierta parcialmente, pero solo porque el procedimiento kantiano no es solamente formal. No podemos derivar criterios sustantivos a partir de criterios meramente formales. Pero el imperativo categ\u00f3rico no hace esto; lo que exige es la evaluaci\u00f3n de un tipo de valor a la luz del test de su completa publicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo anterior debe llevarnos ahora a reevaluar la imagen que tenemos de la antropolog\u00eda filos\u00f3fica de Kant. A diferencia de otros fil\u00f3sofos modernos, no se puede afirmar que el punto de vista del sujeto kantiano es el de una desvinculaci\u00f3n con aquello que le hace precisamente un ser humano. Es mucho m\u00e1s exacto decir que Kant adopta una antropolog\u00eda tr\u00e1gica.<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> Esta es una manera dram\u00e1tica y elocuente de pensar en el doble punto de vista que el ser humano tiene ante s\u00ed. El ser humano pertenece a dos dimensiones, y su naturaleza doble le presenta con posibles m\u00f3viles o motivaciones. La gran lecci\u00f3n de Kant es que ninguna de estas dimensiones es reducible o renunciable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es posible contestar ahora a la objeci\u00f3n del dualismo excluyente entre el <em>deber-ser<\/em> y el <em>ser<\/em>. El problema con esta objeci\u00f3n es que toma este doble punto de vista en un sentido <em>ontol\u00f3gico<\/em>, es decir, considera la distinci\u00f3n cr\u00edtica entre fen\u00f3meno y no\u00fameno como la distinci\u00f3n entre dos <em>mundos<\/em>. Esta objeci\u00f3n concibe la dimensi\u00f3n noum\u00e9nica como un <em>mundo<\/em> paralelo al <em>sensible<\/em> el cual contiene adem\u00e1s <em>entidades noum\u00e9nicas<\/em>. El lector atento de Kant percibir\u00e1 que aqu\u00ed se ha tergiversado la noci\u00f3n misma de lo <em>noum\u00e9nico<\/em>, que debe entenderse m\u00e1s bien como un concepto l\u00edmite sobre el que no poseemos conocimientos. Por eso, el <em>deber-ser<\/em> y el <em>ser<\/em> no son dos realidades (una sensible y otra suprasensible), ya que eso ser\u00eda disolver la operaci\u00f3n cr\u00edtica que Kant est\u00e1 realizando. El <em>deber-ser<\/em> pertenece a la metaf\u00edsica de la libertad, pero aqu\u00ed metaf\u00edsica no designa una realidad trascendente, sino la condici\u00f3n inteligible de nuestra experiencia moral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha exagerado mucho la naturaleza de la distinci\u00f3n <em>fen\u00f3meno-no\u00fameno<\/em>. El objetivo de Kant con esta distinci\u00f3n es acabar con cualquier pretensi\u00f3n de la raz\u00f3n te\u00f3rica sobre el terreno de lo pr\u00e1ctico. No es muy dif\u00edcil imaginar \u2014o quiz\u00e1 deber\u00eda decir recordar\u2014 lo que suceder\u00eda si pudi\u00e9ramos tener conocimientos naturales o metaf\u00edsicos sobre lo moral. Todo totalitarismo se levanta sobre el terreno de verdades morales contra las que no cabe cuestionamientos, mas solo obediencia. As\u00ed pues, decir que no es posible <em>conocer<\/em> en materia de moralidad adquiere una potencialidad dinamizadora de nuestras convicciones morales, ya que, finalmente, no son m\u00e1s que eso: convicciones esclarecidas por nuestra raz\u00f3n a partir de cierto punto de vista. La ley moral es una idea de la raz\u00f3n a la espera de que seamos nosotros quienes la llenemos de contenido mediante el pensamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es conveniente recordar aqu\u00ed que Kant es un fil\u00f3sofo ilustrado, pero la concepci\u00f3n de Ilustraci\u00f3n que adopta est\u00e1 indisolublemente asociada con el avance de una raz\u00f3n p\u00fablica.<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a> La actividad de la raz\u00f3n no es una actividad privada que un sujeto realice en la soledad de su estudio; es una actividad p\u00fablica de cr\u00edtica y revisi\u00f3n permanentes de nuestras creencias, acciones e instituciones. Por esta raz\u00f3n, Kant incluso llega a decir que: \u201c\u2026aquel que arrebata a los hombres la libertad de <em>comunicar<\/em> p\u00fablicamente sus pensamientos, les quita tambi\u00e9n la libertad de <em>pensamiento<\/em>.\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a> As\u00ed pues, la cr\u00edtica de los dos mundos tambi\u00e9n se muestra fallida. La raz\u00f3n kantiana es un principio inmanente, no trascendente a nuestra propia naturaleza; la raz\u00f3n es una facultad que se actualiza en una pr\u00e1ctica p\u00fablica de juicio y cr\u00edtica permanentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, la cr\u00edtica sobre el terrorismo de la raz\u00f3n nos dec\u00eda que la situaci\u00f3n del sujeto es la de estar alienado de su entorno llegando incluso a negarlo con violencia. Considero que esta es una cr\u00edtica parcialmente cierta. Har\u00eda falta un concepto como el del \u00abesp\u00edritu objetivo\u00bb hegeliano para cubrir completamente la brecha que existe entre nuestras concepciones \u00e9ticas, morales y pol\u00edticas, y el mundo institucionalizado de nuestra vida com\u00fan. Sin embargo, creo que la cr\u00edtica pierde de vista dos elementos esenciales en la filosof\u00eda pr\u00e1ctica de Kant.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En primer lugar, la actitud descrita por Hegel es la de aquella conciencia que toma la ley de su coraz\u00f3n como su <em>esencia<\/em>, y, por lo tanto, toma al mundo como lo no <em>esencial<\/em> de s\u00ed misma. La dial\u00e9ctica hegeliana requiere, para operar el movimiento del esp\u00edritu, de estas formas parciales o unilaterales de autoconcepci\u00f3n. Ahora bien, lo singular en la subjetividad kantiana, como hab\u00edamos visto, es que el sujeto no toma como lo m\u00e1s esencial de s\u00ed ninguna de sus dos autoreferencias como fen\u00f3meno o como no\u00fameno. Esto supone aceptar la parad\u00f3jica situaci\u00f3n de que su naturaleza corresponde a dos dominios: el sensible y el inteligible. Recordemos la conclusi\u00f3n de la tercera antinomia de la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura<\/em>: la libertad y el determinismo son ambas tesis verdaderas tomadas en sentido cr\u00edtico.<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En segundo lugar, la filosof\u00eda moral \u2014quiz\u00e1 con la excepci\u00f3n de la <em>phil\u00eda<\/em> de Arist\u00f3teles\u2014 hab\u00eda puesto escaso inter\u00e9s en las relaciones interpersonales hasta que Kant desarrollara las nociones de humanidad y del reino de fines (en las f\u00f3rmulas segunda y tercera del imperativo categ\u00f3rico). En ambos casos nos encontramos con conceptos que intentan capturar una cierta relaci\u00f3n indisponible. Con el concepto de humanidad se nos proh\u00edbe tratar a otra persona solo como un medio; tenemos la obligaci\u00f3n de concebir al otro siempre como un <em>fin<\/em> a la vez. La naturaleza inteligible confiere, tanto a su persona como a la nuestra, una dignidad especial que nos destaca por encima de las relaciones instrumentales con las cosas.<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A su vez, el concepto de un <em>reino de fines<\/em> nos ubica como personas en una posici\u00f3n de <em>colegislaci\u00f3n<\/em> solo mediante la cual es posible pensar en una autonom\u00eda plena. As\u00ed pues, la tarea de una legislaci\u00f3n moral no es la del sujeto moral aislado, sino lo que en t\u00e9rminos actuales llamar\u00edamos una actividad de cooperaci\u00f3n. Adem\u00e1s, no debemos olvidar que se trata de un ideal, esto es, una representaci\u00f3n figurativa que nos ayuda a traer a la intuici\u00f3n la idea moral. El reino de fines es la representaci\u00f3n de una relaci\u00f3n sistem\u00e1tica de todos los seres racionales mediante todas las leyes racionales; en el reino de fines todos somos s\u00fabditos y jefes a la vez. No es balad\u00ed que Kant vuelva a hacer \u00e9nfasis en esta doble naturaleza: somos s\u00fabditos porque estamos sujetos a dichas leyes (en tanto seres sensibles), pero tambi\u00e9n somos jefes (en tanto seres inteligibles) porque no nos hayamos sometidos a la voluntad arbitraria de otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con estas consideraciones parece que la tercera cr\u00edtica tambi\u00e9n falla, al menos parcialmente. Es cierto que la relaci\u00f3n entre la raz\u00f3n y el mundo permanece, en Kant, relativamente irreconciliable, pero esto ocurre porque aqu\u00ed se da una <em>dial\u00e9ctica natural<\/em>. Ahora bien, la actitud del delirio de la infatuaci\u00f3n parece corresponder m\u00e1s bien a una conciencia dogm\u00e1tica que rechaza completamente a otros individuos, as\u00ed como el plexo normativo que tiene ante s\u00ed; quiz\u00e1 la cr\u00edtica aplica mejor a las voces contrailustradas de la modernidad, como Rousseau, las cuales sospechan que las instituciones sociales deforman los innatos sentimientos morales del hombre natural. En contraste, para Kant, el horizonte de la libertad no tiene sentido si no se refracta en instituciones como el derecho.<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>A modo de conclusi\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una manera de articular las diferentes consideraciones antes vistas es tomar la concepci\u00f3n de Kant como el desarrollo de un punto de vista necesario para la moralidad. La imagen de Heine con la que empezamos este ensayo puede servirnos ahora. Actuar moralmente no es una posibilidad f\u00e1cil de comprender o aceptar. Nuestra concepci\u00f3n moderna del mundo nos seduce con la opci\u00f3n de poder determinar completamente todos los mecanismos ocultos de nuestra experiencia; la moralidad aparece as\u00ed como una ilusi\u00f3n prescindible para personas ilustradas. Pero entonces rechazamos esta opci\u00f3n, ya que nos preguntamos si eso es todo lo que la vida tiene que ofrecernos. Nos convertimos as\u00ed en el aut\u00f3mata que persigue al mec\u00e1nico en b\u00fasqueda de un alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, esto mismo acontece para el an\u00e1logo inverso. Pensamos en nuestra experiencia moral con sus mandatos absolutos e incondicionados. Nos parece entonces que la vida ordinaria no se corresponde con tales exigencias. \u00bfC\u00f3mo es posible que existan mandatos universales? \u00bfC\u00f3mo es posible pensar en algo bueno sin condiciones? Entonces crece en nosotros un cierto celo, una actitud de creciente escepticismo por tales consideraciones. Creo que Kant entendi\u00f3 bien esta dif\u00edcil situaci\u00f3n, y entonces pens\u00f3 en la \u00fanica posibilidad para esta experiencia: el punto de vista cr\u00edtico. Sin embargo, este es solo un punto de vista pr\u00e1ctico, y no metaf\u00edsico en el sentido tradicional. La idea de la libertad nos <em>permite<\/em> actuar moralmente a condici\u00f3n de <em>actuar<\/em> moralmente. La libertad es entonces el alma que busca encarnarse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">*<\/a>Licenciado en Derecho por la Universidad de San Mart\u00edn de Porres y actualmente estudiante de la Maestr\u00eda en Filosof\u00eda en la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica del Per\u00fa. Miembro del Grupo de Investigaci\u00f3n en Filosof\u00eda Social (GIFS-PUCP).<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Kant, <em>op. cit.<\/em>, 79-80.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Kant, <em>op. cit.<\/em>, 125-26.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Debo esta esclarecedora expresi\u00f3n al profesor Alessandro Caviglia.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Para una mejor comprensi\u00f3n de la concepci\u00f3n de la ilustraci\u00f3n en Kant v\u00e9ase: Caviglia Marconi, Alessandro. 2016. \u00abVigencia de la Ilustraci\u00f3n\u00bb. <em>Perfiles de Ingenier\u00eda<\/em> 1 (10); y, O\u2019Neill, Onora. 1986. \u00abThe Public Use of Reason\u00bb. <em>Political Theory<\/em> 14 (4): 523-51.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Kant, Immanuel. 2017. \u00ab\u00bfQu\u00e9 significa orientarse en el pensamiento?\u00bb En <em>En defensa de la Ilustraci\u00f3n<\/em>, editado por Villaca\u00f1as Jos\u00e9 Luis, traducido por Javier Alcoriza y Antonio Lastra, 163-82. Barcelona: Alba. p.\u00a0177.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Kant, Immanuel. 2009 [1781; 1787]. <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura<\/em>. Traducido por Mario Caimi. Ciudad de M\u00e9xico: FCE. pp.\u00a0441 ss.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Kant, 2012, <em>op. cit.<\/em>, 139.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> La <em>Fundamentaci\u00f3n<\/em> no se ocupa en detalle de este tema. Habr\u00e1 que esperar a la publicaci\u00f3n de la <em>Fundamentaci\u00f3n metaf\u00edsica de la doctrina del derecho<\/em> (1797) en la que Kant desarrolla su concepci\u00f3n de la libertad externa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Ronald Reyes Loayza* Un punto de vista para la moral Una de las razones que han alimentado esta imagen generalizada sobre la moralidad kantiana es que la Fundamentaci\u00f3n para una metaf\u00edsica de las costumbres (1785) es un texto complejo, pese a su brevedad y aparente claridad. 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