Por Alejandro Pérez Portocarrero
I- El colapso anunciado: dos becas paralizadas
Hace pocas semanas, los peruanos nos enteramos de que uno de los principales programas de promoción de oportunidades educativas en el nivel superior —Beca 18— se quedaba sin financiamiento. La tan anunciada ampliación del número de becas para 2026 por el gobierno de Dina Boluarte, y después continuada por José Jerí, terminó reducida a mero discurso. Ahora se suma un nuevo escándalo: la falta de financiamiento de la Beca Generación del Bicentenario (BGB) para el presente año. No una, sino dos becas paralizadas.
Según lo informado, el sector educativo no ha recibido la asignación presupuestal necesaria para sostener estas becas. Desde el Ejecutivo se ha señalado, por ejemplo, en relación con la BGB, que el programa está en «reingeniería» para evaluar los retornos generados. Sin embargo, que esta comunicación recién aparezca cuando la presión ciudadana se hace evidente —y cuando la convocatoria habitual (entre abril y mayo) ya se ha retrasado peligrosamente— no hace más que confirmar una sospecha: no estamos ante una auténtica reformulación de la política educativa, sino ante el craso desinterés de los gobiernos de turno.
Buscar eficiencia en la inversión pública es necesario y deseable. Puede —y debe— implicar mejoras legítimas: revisar procedimientos, optimizar inversiones y perfeccionar mecanismos. Pero eficiencia no es sinónimo de recorte. Reducir beneficiarios no es una mejora: es una decisión política. Esa es la lógica de quien ve al educando como un costo, no como un sujeto. Cuando el Estado deja de invertir en su propia gente —y encima juega con sus expectativas—, no está administrando recursos con mayor criterio: está clausurando futuros.
No se trata, eso sí, de defender acríticamente estos programas. Todo programa público debe ser evaluado y mejorado. La pregunta es si la solución es la eliminación encubierta o la reforma con transparencia y basada en evidencia. Porque detrás de las estadísticas hay historias concretas: jóvenes talentosos con carencias económicas —muchos de ellos la primera generación en acceder a la universidad en sus familias— que vieron en estas becas la única posibilidad de romper el ciclo de pobreza. Sin estas becas, se posterga un sueño personal, sí, pero también se clausura la única vía de movilidad social que el Estado ofrecía. Y lo que se deja de percibir no es solo el aporte colectivo que esos profesionales habrían dado al país —investigación, innovación, servicio público—, sino que, además, a cambio, se obtiene frustración, desaliento y la certeza, en miles de jóvenes, de que el sistema no está hecho para ellos. No se trata de compadecer al que se queda en el camino. Se trata de reconocer que una sociedad que no invierte en sus mejores jóvenes es una sociedad que ha decidido empobrecerse a sí misma.
¿Qué son Beca 18 y BGB y por qué son importantes?
Beca 18 es el principal programa del Estado peruano orientado a garantizar el acceso a la educación superior a jóvenes con alto rendimiento académico que provienen de contextos de pobreza o vulnerabilidad. A través de un concurso nacional anual organizado por el Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec), adscrito al Ministerio de Educación (Minedu), estudiantes del último año de secundaria o egresados postulan en un proceso exigente que evalúa tanto su desempeño académico como su situación socioeconómica. La alta demanda evidencia su importancia: decenas de miles de postulantes compiten cada año por un número limitado de vacantes, lo que lo convierte en un proceso altamente competitivo.
La beca es un subsidio integral al estudiante —no a la universidad—: cubre matrícula, pensiones, materiales y manutención, permitiendo que el becario se concentre plenamente en sus estudios. Es él que decide dónde formarse. En universidades públicas, donde no se cobran pensiones, el apoyo se destina al costo de vida, alimentación y herramientas tecnológicas. En universidades privadas, la normativa fija el costo en la escala mínima de cada institución.
Entre 2020 y 2023, el número otorgado de estas becas se mantuvo prácticamente constante, oscilando entre 4,700 y 5,000 becas anuales. El punto de quiebre llegó en 2024: el número de becas se duplicó, alcanzando aproximadamente 10,000. Pero lo más alarmante vino después. Para 2025, la oferta volvió a duplicarse: 20,000 becas. En apenas dos años, el programa se cuadruplicó sin que mediara un incremento presupuestal proporcional ni una planificación mínima.
La BGB, por su parte, financia programas de maestría y doctorado en las mejores universidades del mundo, priorizando áreas críticas donde el Perú tiene brechas irresueltas[1]. Puede entenderse como la continuación natural de Beca 18 en el nivel más alto de la formación educativa. El proceso de selección también es ferozmente competitivo. No basta con tener las credenciales académicas para ser admitido en programas de élite; también se requiere carecer de los recursos para afrontar sus costos. Estudiar en el extranjero demanda una inversión que muy difícilmente podría cubrirse por cuenta propia. Cada año se otorgan aproximadamente 150 becas, con una inversión cercana a los 10 millones de soles —apenas el 0.028% del presupuesto anual del Minedu. La beca opera bajo “compromiso de servicio profesional al país”[2].
Conseguir una vacante en las mejores universidades del mundo no es tarea fácil. Los profesionales se preparan durante años por su cuenta: rinden exámenes internacionales de inglés, matemática y campos específicos (como medicina); redactan ensayos y propuestas de investigación; traducen documentos; postulan a varias universidades a la vez —cada una con sus propios costos de postulación— y, en muchos casos, contratan especialistas o buscan mentores que los guíen en el proceso. Quienes postulan a esta beca no son personas ricas. Son jóvenes profesionales que, con enorme esfuerzo, dedican años y miles de soles para lograr sus sueños. Detrás de cada postulante hay noches de estudio, ahorros sacrificados y una familia que apuesta. No son privilegiados: son persistentes.
La estocada final a la BGB
La ausencia de convocatoria de la BGB este año ha tomado por sorpresa a estos jóvenes. Las admisiones que sus universidades les brindan están condicionadas a que, en un plazo no muy largo, puedan asegurar su participación y en muchos casos se requiere de un pago inicial de la matrícula. Con la ausencia de esta convocatoria, muchos están perdiendo las admisiones que ya habían conseguido, sin garantía alguna de poder obtenerlas nuevamente. La única razón que han recibido desde el Gobierno ha sido la falta de presupuesto.
Y los mensajes oficiales no han hecho más que aumentar la confusión. Por un lado, tras la presión ciudadana, el presidente Balcazar ha señalado que promoverá un crédito suplementario. Por otro lado, la ministra de Educación y el jefe de Pronabec han confirmado que en 2026 no habrá convocatorias para la BGB. La ministra, María Cuadros además, ha evitado presentarse ante el Congreso para dar explicaciones. El director ejecutivo de Pronabec, Enrique Chon, ha centrado su discurso en cuestionar la supuesta falta de retorno de algunos becarios, el alto costo de los programas —previsible tratándose de universidades de élite— e incluso las áreas de estudio elegidas, pese a que fueron previamente validadas por la propia institución. Es decir: el Ejecutivo desfinancia, desinforma y, cuando la presión ciudadana lo obliga a reaccionar, pareciera culpar a los becarios del diseño de la beca.
Es cierto que la beca requiere reformas importantes, pero estas demandan análisis técnico y evidencia de largo plazo, no respuestas apresuradas ni declaraciones mediáticas. Si Pronabec ya contaba con la evidencia correspondiente sobre los problemas en el diseño —por ejemplo, el estudio sobre el no retorno de becarios se publicó en diciembre de 2024—[3], lo pertinente habría sido trabajar con anticipación y celeridad en las mejoras necesarias para una implementación más sólida de la beca en 2026. La solución no era cerrar la puerta, sino rediseñar los incentivos para que el talento formado en el exterior quiera volver y, sobre todo, encuentre un país que lo valore.
Pero el problema de las becas no ha sido solo financiero: ha sido, ante todo, un problema de información. Y donde hay información deficiente y mensajes contradictorios, lo que se erosiona es la confianza. En lugar de construir soluciones, se ha optado por un discurso que descalifica a los becarios y fractura la credibilidad institucional que el Pronabec había construido durante años. La confianza no se recupera con un crédito suplementario anunciado a última hora (¡y que podría tomar meses!). Se recupera con coherencia.
II- La ruta del dinero: ¿falta plata o falta interés?
En agosto de 2025, el gobierno de Dina Boluarte prometió 10 mil becas para 2026. Días después, la jefa de Pronabec de ese entonces, Alexandra Ames, amplió la cifra: serían 20 mil becas adicionales. Sin embargo, había un pequeño problema, el Proyecto de Ley de Presupuesto 2026, enviado al Congreso el 30 de agosto de ese año, no contemplaba ninguna partida extra para financiarlas. Se necesitaban S/ 697 millones. No estaban. Pese a ello, en noviembre de 2025, Pronabec continuó con la convocatoria de Beca 18 y 97 mil jóvenes rindieron el examen de preselección.
El desenlace era previsible. El Presupuesto General de la República aprobado para 2026 asignó a Pronabec S/ 1,429 millones —una cifra muy inferior a la solicitada, generando una brecha de S/ 700 millones. Con ese presupuesto, apenas alcanzaba para 1,900 becas de las 20 mil prometidas para Beca 18.
En el caso de la BGB, la situación es aún más reveladora. El programa contaba inicialmente con financiamiento, pero fue reasignado y desapareció. El Presupuesto Institucional de Apertura (PIA) 2026 asignó S/ 47.5 millones a la BGB —el monto más alto en cuatro años. Sin embargo, el Presupuesto Institucional Modificado (PIM) descendió drásticamente a S/ 34.9 millones, evidenciando una reasignación de aproximadamente S/ 12.6 millones sin explicación pública. Todo indica que el Minedu sabía que la BGB quedaría desfinanciada. Y no porque estuviera programada para una «reingeniería», sino porque Beca 18 se expandió desordenadamente y se decidió sacrificar a esta última.
En un reciente comunicado, Pronabec descartó el cierre definitivo de BGB, pero confirmó que no habrá nueva convocatoria en 2026. Su prioridad, según señaló, es asegurar que los 60 mil becarios actuales —considerando todas las modalidades de becas y créditos educativos— puedan culminar sus estudios sin interrupciones. Esta es una prioridad legítima, pero no responde la pregunta incómoda: si el problema presupuestal se conocía desde el año pasado, ¿por qué se esperó hasta último momento para que estallara el escándalo?
Ahora bien, como algunos especialistas han señalado, la solución inmediata para la BGB podría venir de una reasignación presupuestal al interior del Minedu[4]. No se necesitaría del Congreso ni del Ministerio de Economía. Según estos análisis, el Minedu maneja más de S/ 10,000 millones al año y el año pasado cerró con S/ 390 millones sin gastar. La Ley de Presupuesto habilita al Minedu a mover sus recursos internamente para financiar las becas. Asimismo, se habla de mecanismos de financiamiento parciales que podrían ayudar a los becarios a cubrir parte de sus estudios.
Esto resolvería el problema inmediato, pero no el de fondo: el desinterés estructural de los últimos gobiernos, que responde a una falta de prioridad en el gasto público. En los últimos años, el Estado peruano ha destinado recursos a una amplia gama de prioridades, pero becar a sus mejores estudiantes no ha sido una de ellas. El populismo y la demagogia han dirigido la política educativa. No existe un modelo presupuestal serio y así cualquier gobierno puede ofrecer 10,000 o 20,000 becas más sin pensar cómo se van a financiar.
Notas:
[1] Pronabec prioriza áreas críticas de conocimiento donde el Perú tiene brechas irresueltas y dirige sus recursos exclusivamente a las 400 mejores universidades del mundo según rankings internacionales. Según el QS World University Rankings de 2026, en el Perú, de las 105 universidades licenciadas por Sunedu, solo una —la PUCP— logra entrar en ese selecto grupo (puesto 345). La universidad pública mejor ubicada, San Marcos, ronda el puesto 1000 a nivel mundial.
[2] El cual se refiere a la prestación de servicios en el Perú por el periodo de un año después de finalizados los estudios.
[3] Véase https://repositorio.minedu.gob.pe/handle/20.500.12799/10802
[4] Véase por ejemplo el Reporte Especial de CAPPES al respecto del problema de presupuesto de Pronabec.
