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La necedad de asumir al enemigo

Por Juan V.

En los últimos años estamos frente a nuevas derechas que han llegado a convertirse en gobierno. Derechas que tienen en común una estrategia neoliberal en lo económico, un conservadurismo radical en lo social y un enconado anticomunismo cuya definición es tan nublosa que cualquier disenso a su perspectiva puede ser considerado como parte del «bando comunista» (o del «comunismo internacional» como se prefiera). El ascenso de estas derechas en países como Argentina, Brasil tiene como centro de la disputa desandar avances en políticas sociales ganadas durante los gobiernos progresistas en estos países. En el caso de Chile el ascenso del gobierno de Kast desde el Partido Republicano fue una radicalización contra la tendencia hacia el centro en la que la derecha tradicional chilena había caído. Los republicanos congregaron los sentimientos de desencanto con la derecha tradicional y el descontento con la clase política en general que había mostrado incapacidad para canalizar las demandas sociales y el descontento social.

En el caso peruano, el neoliberalismo significó un claro abandono de una estrategia de desarrollo que si bien tenía limitaciones estaba muy lejos de la situación apocalíptica que el fujimorato propagandizó para justificar el remate de los activos nacionales. Se abandonó así un modelo de Estado desarrollista por uno cuya reforma significó un Estado que funciona a modo de islas de eficiencia, como indica Francisco Durand. Es decir, un Estado que tiene una burocracia eficiente en sus funciones institucionales en todo aquello vinculado al mundo de los negocios y las inversiones, pero altamente deficiente en el mundo de lo social y la cotidianidad de las personas. Durand indica que las reformas neoliberales en el Estado significaron la formación de un Estado Neoliberal que se caracteriza por una eficiencia parcializada con el mundo de los negocios, mientras que todas aquellas partes del Estado vinculadas a las funciones de protección social, seguridad ciudadana y justicia no habían sido prioritarias y se caracterizaban por su precariedad institucional. Estas características peruanas, estas fallas de origen, han dado lugar, por una parte, a varias décadas de conflictividad social y polarización electoral, mientras que, por otra parte, a la rearticulación fujimorista y la radicalización de éstos y de la mayoría de las viejas derechas liberales.

¿Por qué debemos de atender este asunto?

En el mundo agitado en el que convergen el auge de estas derechas y el reacomodo imperial cuyos planes se proyectan con prioridad sobre nuestros territorios es que debemos de atender seriamente este asunto. Es fundamental partir de la premisa de que esta situación de arremetida derechista es una batalla de interés común entre los países de la región. Que cada uno a su manera está enfrentando las políticas de despojo y represión que acompañan a estos gobiernos. Que los planes del imperio sobre nuestras tierras apuntan a un Plan Condor 4.0; que el respaldo del gobierno Trump a estos gobiernos derechistas se da en el marco de un innegable cipayismo por parte de estos. Desde Milei, Kast, Rodrigo Paz hasta el reciente electo Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en nuestro país todos tienen en común su unanimidad sin peros a las orientaciones yanquis en lo que se refiere a política exterior. Y como sabemos, la política es la política internacional.

El respaldo estadounidense a estos gobiernos derechistas les da un soporte internacional fundamental como el que significó el préstamo anunciado por Trump en los días previos a la elección parlamentaria en Argentina lo que fortaleció el apoyo a Milei y sus medidas económicas que, para entonces, tras varios meses de ajuste había generado un ambiente de duda sobre la sostenibilidad de dichas medidas. El anuncio del préstamo significó para Milei el oxígeno necesario para surfear las elecciones. Así podríamos dar otros ejemplos de reciente incursión estadounidense en apoyo de los gobiernos «amigos».

Conoce a tu enemigo como a ti mismo y como Mariátegui nos ayuda

Si partimos de la premisa de que las actuales derechas juegan con fuerzas que desatadas pueden abrir tempestades y que la polarización retroalimentada, la persecución de opositores, la narrativa de realidades paralelas, la ideología de género y el supremacismo hispanista son evidencias de la formación de una atmósfera favorable a extremismos de derechas; entonces, detener y combatir a estos posicionamientos es cerrar las puertas del infierno.

A todo ello es interesante como Mariátegui disecciona el fenómeno fascista en la Italia de la década de 1920, sus observaciones sobre el fascismo auroral, las fuerzas sociales y las personalidades que congregó, sobre la atmósfera que la hizo posible, sobre el perfil de sus principales dirigentes, sobre las narrativas patrioteras, sobre su desempeño en los primeros años de gobierno y el giro de radicalización que llevó adelante, son herramientas importantes para adentrarnos a conocer a nuestros adversarios. Se trata, en palabras de Sun Tzu, de conocer a nuestros enemigos tanto como nos conocemos a nosotros mismos.

Mariátegui en su disección del fascismo italiano llama a verlo en su contexto histórico y a encuadrarlo en las particularidades de la sociedad italiana de entonces. El fascismo en Italia bebió del sentimiento de descontento con la decadente democracia liberal de entonces, de los sentimientos nacionalistas, de las narrativas épicas y guerreristas difundidas con éxito entre excombatientes de la primera guerra mundial, sectores de obreros y la clase media donde existía una aversión para con el mundo de los trabajadores y sus organizaciones. Mariátegui llama a observar el posicionamiento de este movimiento en los conflictos sociopolíticos, específicamente el posicionamiento reaccionario que este asume. Pensando en nuestros días, este rasgo reaccionario es una característica que podemos observar entre las derechas de la región que lejos de ser revolucionarias, el fascismo hasta cierto punto lo fue diría Mariátegui, son restauradoras de un viejo orden que perciben en crisis.

Mariátegui nos dice que para el fascismo italiano la doctrina importaba poco, el núcleo del movimiento era la acción y la agitación. Las raíces del fascismo son el desencanto y el descontento convertidos en una mística reaccionaria. Mussolini encarnaba bien eso: antes que un faro de ideas coherentes fue un personaje pragmático que transitó de las filas socialistas a las filas del conservadurismo más extremo, de querer participar de una revolución socialista a llevar adelante su propia contrarrevolución fascista. Así Mariátegui nos da una de las ideas más importantes sobre este fenómeno: el fascismo convirtió un estado de ánimo en un movimiento político de masas que contó con el consenso de sectores sociales fundamentales como el empresariado, la burocracia, los militares quienes temerosos del creciente poder político de los trabajadores arroparon al fascismo auroral y lo sostuvieron después cuando se convirtió en gobierno.

Para Mariátegui entender este fenómeno es ir más allá de un reduccionismo economicista o discursivo. El fascismo como fenómeno político es mucho más complejo porque entremezcla desde religiosidad política, acumulación de capital, totalitarismo, clases sociales hasta el análisis psicológico. Mariátegui no veía al fascismo como un bloque monolítico sino como la convergencia de varias extracciones doctrinarias cuyas tensiones internas son claves de descifrar de cara a hacerles frente.

Finalmente, otro punto central es la alerta que José Carlos hace respecto a la oposición al fascismo y su política reaccionaria. Él indica que la oposición moral fue insuficiente para debilitar su accionar, por el contrario, advierte que eso la volvió más intransigente y beligerante por lo que la cuestión política es colocada en el centro de la acción antifascista. Es decir, por más indignación que generaran las acciones fascistas, eso no era suficiente para sacarlos del poder. La política, para Mariátegui, se resuelve en el terreno de las fuerzas reales, no en el de los principios nebulosos. De este modo nos recuerda de la ingenuidad de aquellas posiciones que pretenden combatir a la reacción para «volver a la normalidad anterior» olvidando que precisamente es esa «vieja normalidad» la que en su profunda crisis generó las condiciones para la formación del fascismo y su política reaccionaria.

Dado que la batalla contra estas derechas dispuestas a abrir las puertas del infierno es continental y nacional al mismo tiempo, nos corresponde la solidaridad y reciprocidad nuestramericana. Dado que enfrentamos fuerzas cuyas derivas no podemos adivinar, pero que la historia nos puede ayudar a intuir, necesitamos compartir ideas y análisis sobre las formas específicas que adopta el espíritu reaccionario de estos tiempos entre los países de nuestra región. Observemos en detalle el desarrollo de las expresiones fascistoides, potencialmente hegemónicas, que convergen en la actual coyuntura compleja y agitada. Esa misma coyuntura es la que viene generando una atmósfera favorable a expresiones reaccionarias propias de esta época. Sabemos, como con los terremotos, que las tensiones no liberadas y acumuladas, liberan fuerzas impredecibles y violentas.

 

Referencias:

  • Durand, F.; Crabtree, J. Elites de poder y captura política. Lima, Red para el desarrollo de las CCSS. 2017.
  • Mariátegui, J.C. La escena contemporánea. Lima: Editorial Minerva, 1925.
  • Strobl, N. La nueva derecha: un análisis del conservadurismo radicalizado. Buenos Aires: Katz Editores, 2022.
  • Traverso, E. Las nuevas caras de la derecha. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2018.
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